Feroxin existe para que quien mantiene una línea de producción encuentre el componente correcto sin depender de la memoria del proveedor de turno. No vendemos una historia: ordenamos fichas, comparamos especificaciones y despachamos repuestos para tableros de control, celdas robotizadas y cintas transportadoras.
La elección entre un relé de estado sólido y un contactor no se resuelve mirando el costo unitario. La frecuencia de conmutación, la carga real y la disipación térmica dentro del gabinete pesan más. Cada ficha incluye número de pieza, rango de tensión, grado de protección IP, temperatura de trabajo y compatibilidad con PLC de uso común para que esa comparación se haga con números sobre la mesa.
El grado IP combina dos números: el primero indica resistencia al polvo y el segundo a la entrada de agua. Publicarlo junto al rango de temperatura evita que un sensor inductivo termine en una zona de lavado donde su encapsulado no resiste. Preferimos una ficha incómoda pero honesta antes que una promesa amplia que después falla en planta.
El catálogo está armado para jefes de mantenimiento, compradores técnicos y talleres de integración en Argentina. Son perfiles distintos: uno necesita reponer rápido, otro comparar alternativas, otro armar un tablero desde cero. La estructura de datos busca servir a los tres sin cambiar el criterio según quién pregunte.
No declaramos años de trayectoria, cantidad de clientes ni certificaciones que no estén respaldadas por documentación. Tampoco prometemos plazos de entrega ni stock permanente: la disponibilidad se confirma al cotizar una lista de materiales concreta. Esa contención es parte del método, no una limitación del sitio.